El taxi amarillo se detuvo lentamente junto a la alta verja de la lujosa residencia de la familia Xavier.
Elyn descendió del vehículo con pasos pesados, aferrándose a la correa de su bolso para intentar controlar el temblor de sus dedos. A través de los robustos barrotes de hierro, pudo distinguir la figura de Diego sentado en uno de los sofás del amplio porche.
El joven vestía únicamente una camiseta negra. Miraba fijamente el cielo nocturno mientras sostenía un cigarrillo encendido entre los