Las imponentes puertas dobles de cuatro metros del auditorio principal se abrieron lentamente. Al instante, una majestuosa melodía de música clásica resonó por todo el salón, decorado con miles de rosas blancas y candelabros de cristal cuyas llamas proyectaban un cálido resplandor. Decenas de invitados, entre importantes empresarios, altos funcionarios y los miembros del gran clan Moreno, guardaron silencio de inmediato. Todas las miradas se dirigieron hacia un único punto, justo en el umbral d