Dave levantó la mirada hacia el reloj digital colgado sobre el televisor de pantalla plana. La aguja estaba a punto de marcar las dos de la tarde.
Sus ojos, que hasta hacía un momento permanecían fríos mientras observaba la pantalla de la tablet, se dirigieron por completo hacia Elyn, quien acababa de dejar el plato vacío sobre la mesa de noche.
—¿Victoria está en casa? —preguntó Dave con la voz baja, casi como un susurro contenido en la garganta.
Elyn negó sua