Dave Moreno no apartó la mirada ni un solo instante de los grandes ojos de Elyn. La tensión dentro de la lujosa berlina seguía aumentando, sofocante, mientras el silencio volvía a extenderse entre ambos. La mandíbula firme de Dave se tensó al ver que las palabras que esperaba seguían sin salir de los labios de su asistente personal.
—¿Y bien, Elyn? —insistió con aquella voz grave y profunda que exigía una respuesta definitiva—. No me gusta repetir la misma pregunta.
Elyn sintió que la garganta