El lujoso sedán del clan Moreno avanzaba por las calles de Nueva York, donde el tráfico matutino comenzaba a congestionarse lentamente. Dentro del habitáculo insonorizado, la atmósfera contrastaba por completo con el estruendo de los cláxones del exterior. El calor de la apasionada madrugada aún parecía permanecer entre ellos, envolviendo a las dos personas que ahora viajaban sentadas una al lado de la otra en el asiento trasero.
Elyn echó un vistazo al reloj digital del tablero, que ya marcaba