Un sentimiento espantoso invadió mi cuerpo, estaba desesperada, angustiada, apenada, avergonzada… Todo y más que eso en cantidades exorbitantes. Entonces lo decidí y entré en silencio, sin cometer movimiento en falso. Sin que se escucharan mis pisadas ni en lo más mínimo. Entré a la que era mi habitación y lo vi… Tan puro, tan tierno como lo recordaba sus perfectos razgos y su tersa piel parecía brillar en la oscuridad de la noche. Parecía ya haber caído en sueño profundo, mientras abrazaba la