CAPÍTULO 40.

Marina volvió en sí lentamente, el dolor de la cabeza y el cuerpo adormecido la hicieron tomar conciencia de su entorno poco a poco. Las horas de inconsciencia parecían haberse estirado infinitamente, pero la sensación de estar atada a la silla la trajo de vuelta a la cruel realidad. Su muñeca estaba entumecida por las cuerdas, y el frío en la habitación la envolvía como un manto invisible. Estaba sola, pero no completamente; podía oír voces.

Al principio no entendió si aún soñaba o si su mente
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