—¿Con quién hablas, Rebecca? —interroga Emilio mientras frota su cabello húmedo con una toalla.
—Con, con mi m-madrina. —Ella le responde, nerviosa— Estaba preguntándole por Sofi.
—¿Qué tal está ella? ¿Sigue enojada conmigo?
—No, no, ya no. —contesta.
—¿Te ocurre algo? —pregunta él al ver su rara actitud.
—No, nada. Sólo tengo hambre.
—Bien, iré a decirle a Mercedes que nos suba algo para cenar.
—Sí, ve.
Emilio sale la habitación, ella deja la laptop a un lado y se recuesta. Aún se