Al escuchar aquella difícil realidad, Rosa da algunos pasos hacia atrás. Siente en su pecho una profunda decepción, por segunda vez Enzo Ferrer la hería.
—No debí creerle. Fui una tonta. Volvió a burlarse de mí—murmura, evitando que las lágrimas se derramen en su rostro.
La rabia, la tristeza y la decepción la invaden por completo. A su edad, socialmente era difícil reiniciar desde cero, prefirió creer que Enzo había cambiado y que nunca volvería a dejarla. Sin embargo la cruel realidad le