—Al fin llegas —La puerta se cierra y Enzo entra a la habitación— Siéntate —le ofrece el sofá, mientras sirve dos copas de vino.
—Tuve que aguardar a que el padre de Rebecca se distrajera. Ese tipo me tiene hasta los cojones con sus gilipolleces. Si no necesitara tenerlo a nuestro favor, ya le habría dado su merecido.
—Pues no podemos darnos el lujo de desecharlo, mucho menos si queremos lograr lo que hemos planeado. —Le entrega la copa, y se sienta en el sofá de un solo puesto cruzando sus m