El peligro para Sam todavía no había pasado. Aunque eso lo tenía sin cuidado, solo le importaba tener a Aidan en sus brazos otra vez.
Abrazo a Gema muy fuerte intentando darle fuerzas.
—¡Perdón!... te pido que me perdones.
—¿Perdón, porque Sam?—Lloraba Gema
—Por no proteger a nuestro hijo, debí saberlo.
—¿Pero cómo ibas a saberlo? Esto nos tomó por sorpresa.
—No Gem, esto no era sorpresa las amenazas constantes que recibías, era una advertencia y yo tenía que haber estado preparado.
— Fue Ala