Michael
Ya una semana había pasado desde que decidí quedarme para ayudar a Emma en lo que necesitara. Esos días que me sirvieron para reflexionar y darme cuenta de cada noche en la que hablaba con Keith por teléfono, cada vez que escuchaba su voz, suave y reconfortante, hermosa y delicada, con cada risa suya, una parte de mi se alegraba. Podía sentir esa paz que inspiraba a través de su voz, con ella el tiempo se detenía, y esa sensación de hormigueo en mi estómago se hacía presente.
Sabía que