No le desagradaba en nada la idea, sonrió ante ello. Un pequeño o una pequeña, deseaba que heredaran sus ojos jades, esas hermosas piedras verdes brillantes que relucían de felicidad y amor con mirarle.
No lo había pensado, bueno, él aun estaba joven, no llegaba aun a los 30 de edad, la rubia aun podía tener un hijo, quizá dos más, era joven, más joven que él quien le ganaba por 5 años, si fueran adolescentes sí que se hubiera visto mal, pero ambos eran ya adultos, responsables de sus actos.
Si