29. El bebé, es de los dos
Emma miraba a su alrededor, un poco desconcertada.
Era un restaurante, eso parecía obvio, pero nada de lo extravagante y asfixiante que se imaginaba.
— Ella debe de ser tu hermosa chica, bienvenida a mi humilde restaurante – saludó a Emma con confianza total y le dio dos sonoros besos, uno en cada mejilla.
— Cuídalo mucho, que te has llevado a un gran hombre.
— Más de una aquí te va a mirar con envidia, pero tú, tranquila, que cuando este chico se enamora, es peor que caballo con anteojera.
E