81. Me duele la pancita

Por otro lado, aquellos jóvenes seguían de camino a Sachsen. Las horas habían pasado y la media noche estaba próxima —recuérdenme no confiar en Johann nunca más— se quejó Mónica sin despegar la mirada de la ventana. El sueño se estaba apoderando de la mayoría de los presentes, solamente Johann que estaba al volante mantenía sus sentidos despiertos.

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