45. ¿Tú... me amas?
Después de haberle confesado sus más sinceras palabras; ella se quedó helada, todavía derramando lágrimas sin control. Él, con el temor de haberse equivocado, limpió cada una de ellas con el dorso de su mano.
— ¿Qué pasa, Gali? — necesitó saber, todo de ella se había quedado paralizado bajo su cuerpo. Lloraba sin comprender por qué — ¿He dicho o he hecho algo que…?
— No, no… — ella negó y sonrió nostálgica — Es solo qué… — pasó un trago, se sentía increíblemente nerviosa — ¿Es verdad lo que aca