—¿Ha sido manejable?— Edmond preguntó mientras Anthony saltaba sobre él.
—Se portó bien. Nos hemos divertido,— Belinda insistió.
Edmond se fijó en la cara enrojecida de Anthony y los mechones de pelo de las sienes, oscurecidos por el sudor. Podía sentir los ojos de Belinda sobre él y la pregunta silenciosa de su reciente experiencia flotando en el aire.
—¡Hola, Papá!— Anthony le saludó.
—Hola, hijo,— Edmond miró hacia arriba para ver la expresión de asombro en el rostro de Belinda. —¿Qué di