—Es, eh… todo tuyo,— Ariana le dio unas palmaditas a Edmond en el brazo mientras caminaba hacia la puerta principal. —¡Buenas noches, Anthony!— dijo por encima del hombro.
—Espera un momento,— Edmond intentó detenerla. —¿Ocurrió algo? ¿Se portó mal o algo así?—
—No, se portó genial—, contestó Ariana con ojos huidizos. —Pero te no voy a mentir, estoy cansadísima. Tiene más energía que una aquel edificio de energía nuclear.—
—Hmm,— Edmond murmuró. Eso no sonaba como Anthony. Por lo general era ba