—No debería estar aquí,— anunció, golpeando su puño contra el reposabrazos de la puerta. —¿Quién demonios se cree que es? ¿Piensa que me puede tirar como basura pasada y luego llamarme cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Dónde están todos esos guaperas ricos, eh? ¿Por qué no llama a uno de ellos? —
Edmond, pesado por el cansancio, apoyó la cabeza en el reposacabezas. —Camille era sólo una chica de pueblo en busca de una experiencia de la gran ciudad. Probablemente pensó que la seguirías.—
—No