Edmond escuchaba en silencio el zumbido de los neumáticos sobre la carretera contemplando no sólo el largo viaje que tenía por delante, sino también el próximo viaje a Oregón.
—No hacía falta que vinieras, ¿sabes?— dijo Ernest, interrumpiendo los pensamientos de Edmond.
—Pensé que querías que viniera,— Edmond miró hacia él.
—Quería usar tu coche. No dije que hiciera falta que tú vinieras en él.—
Edmond se encogió de hombros. —No es problema—.
—Parecía que Belinda quería que te quedaras con ella