¡Lo siento, Benedict! —Pidió perdón el rubio como por quinta vez mientras todos caminaban a toda prisa por los pasillos. Hacia cinco minutos habían ido a toda prisa al baño de hombres y para desgracia del rubio y el Gray mayor la pequeño Ezra ya no estaba donde se supone la habían dejado.
Benedict tuvo unas ganas incontrolables de meter la cabeza de Cormac y de su hermano en el inodoro pero no lo hizo cuando la voz de la razón de Beatrice le dijo que lo mejor era ir a la caseta de vigilancia, q