Aurore se volvió, horrorizada. No le importaba tomarle el pelo a Bernard, pero desde luego no estaba dispuesta a que Benedict creyera que su abuelo podía sobornarla como había hecho con Agnes, o con su padre.
Nada —dijo prontamente—. ¿No será mejor que te cambies para cenar?
Bernard los miró con astucia.
Hay tiempo —Benedict miró a su abuelo.
Será mejor que sepas que le acabo de ofrecer dinero para que se vaya —gruñó el viejo.
Benedict se volvió a mirar a Aurore, entrecerrando los ojos mientras