Aurore se sobresaltó un poco ante aquel sobrenombre que demandaba tanta intimidad. Nublada por la pasión e incapaz de pensar, llevó sus manos hasta el alborotado cabello azabache de su marido y gimió cuando sintió sus besos comenzando a acariciar el contorno de sus pechos. No tardó en notar como Benedict se encargaba de bajarle la parte de arriba del bikini y comenzaba una ardua y delicada exploración por uno de sus pechos.
Sa—Benedict —Pronunció su nombre en un susurro al sentir su erguido pez