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Michaela no durmió. ¿Cómo podría? Cada vez que cerraba los ojos veía esa marca en el cuello de Nick. Color cereza oscuro. Del mismo tono exacto que el labial que Sofía había usado en la cena.

A las cinco de la mañana se rindió, se duchó, y se quedó mirando su reflejo en el espejo empañado. Tenía dos opciones: podía empacar su maleta, tomar un taxi al aeropuerto, y largarse de París

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