El hospital Clinica Luganese Moncucco era una maravilla de vidrio y acero que brillaba bajo las luces nocturnas como joya fría e impersonal, el tipo de lugar donde la tecnología médica más avanzada de Europa se encontraba con la discreción suiza que permitía a los ricos morir con la misma privacidad con la que habían vivido. La sala de espera de cuidados intensivos estaba decorada en tonos de gris y blanco que pretendían ser calmantes pero que solo lograban hacer que todo se sintiera más estéri