El veredicto llegó un martes gris, el tipo de mañana en que el cielo parece demasiado pesado para sostenerse. Michaela observaba la transmisión desde la sala de conferencias de Magno, con Nick de pie junto a la ventana y Alberto sentado en silencio al otro lado de la mesa. La voz del juez resonaba metálica a través de las bocinas, cada palabra cayendo como piedra en agua quieta.
—Ricardo Santana, este tribunal lo condena a cinco años de prisión federal, con posibilidad de libertad condicional d