El silencio que siguió a la revelación de Lucía fue del tipo que parecía tener peso físico, como si el aire mismo se hubiera solidificado en algo denso y sofocante que hacía difícil respirar. Mateo podía sentir los latidos de su propio corazón retumbando en sus oídos con una intensidad que rivalizaba con el ruido del tráfico distante que se filtraba a través de las ventanas altas del warehouse, y tenía que recordarse conscientemente que necesitaba mantener su expresión neutral, que necesitaba p