ZAYLA
No tenía ningún moretón visible en el brazo, pero me dolía muchísimo. Latía como si tuviera pulso propio. Me senté en el sofá, furiosa. La rabia que sentía dentro era tan densa que podía ahogarme, pero no podía hacer nada, no bajo las dos miradas depredadoras clavadas en mí.
Una vez más, me sentí impotente.
Eché un vistazo rápido a la puerta y al instante pensé en algo. Tal vez... tal vez no tuviera llave.
Volví la mirada hacia los hombres frente a mí. Ojos Verdes aún no había regresado.