CAPÍTULO 38 – CICATRICES

Ponderando mis palabras, comencé a quitarme el resto de la ropa, sintiendo el ardor en mis piernas. Las manos delicadas de la criada tocaron la tela.

— Levanta los brazos. — Me pidió educadamente, y así lo hice. — Ven, déjame ayudarte con el baño. Hay un botiquín de primeros auxilios en todos los baños, voy a cuidar de tus heridas…

Fui guiada hasta el baño, sentándome en lo que parecía

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