Capítulo 37. Hasta nunca.
El pitido verde de la radio satelital se apagó. La transmisión con Alexander Voss quedó cortada de raíz.
El silencio en el interior de la grieta de piedra fue absoluto. Pesado. Asfixiante.
Mariana estaba de pie. Sus manos temblaban mientras intentaba acomodar los bordes rasgados de su blusa oscura bajo la chaqueta impermeable. La sangre le hervía en las venas. El calor residual del orgasmo desapareció, reemplazado por un golpe directo y brutal a su orgullo.
Había escuchado cada maldita palabra.