Capítulo 38. Te enamoraste de ella.
El silencio cayó sobre la montaña.
Los dos mercenarios se quedaron petrificados frente a su jefe. La orden había sido un rugido animal, crudo y directo. El cañón del fusil de asalto de Yuri seguía apuntando a la tierra, inmovilizado por la mano inmensa y firme de Víctor.
Yuri parpadeó. La sorpresa inicial desapareció de su rostro. Sus músculos se relajaron un poco. Una sonrisa torcida, sucia y cómplice empezó a dibujarse en sus labios partidos por el frío. Creyó entender la situación bajo el có