Capítulo 3. Castigo compartido. 

Alexander dio un paso más hacia el centro de la oficina de la directora Miller.

Sus zapatos de cuero italiano no hicieron ruido sobre la alfombra gruesa. Pero su presencia aplastó el aire de la habitación. Lidia no retrocedió. Mantuvo su posición. Un escudo humano y letal entre él y su hija Victoria.

Alexander bajó la vista. Miró a la niña sentada en el sofá.

Victoria le sostuvo la mirada. Los ojos oscuros de la niña chocaron contra los ojos celestes de Alexander. Ninguno de los dos parpadeó. L
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