Mundo ficciónIniciar sesiónLeo se acercó a ella despacio, dejando que sus dedos corrieran sobre la cara externa de sus muslos, provocándole gemidos que hacían de aquel momento un paraíso perfecto para él.
Verla allí, provocándolo, invitándolo, era aun más perfecto de lo que había imaginado. Esa era su mujer, su Mía, y siempre sería inútil tratar de alejarse de él. Sus manos se encontraron, sus cuerpos se encontraron







