Soraya aparece en el huerto y, de inmediato, camina hasta encontrar el árbol. Recuerda su sesión, lo que sucede. Sabe que ese naranjo en particular contiene toda la oscuridad que atormenta su mente. Y es cierto que está ahí, pero la sustancia viscosa que hierve a fuego lento ha disminuido considerablemente.
Cuando llega al árbol, oye una voz muy familiar: —¡Oh, mira quién está aquí!
Se vuelve hacia ella y le sonríe:
—Hola, Mia. No esperaba que trajeras invitados.
Su madre adoptiva está de pie