«Es una petición extraña».
Muy extraña para Soraya.
—¿Por qué? —inquiere.
—Vamos a necesitar algo de privacidad o esto… —Luego hace una mueca—. Juro por la diosa que no te haré daño, si eso es lo que te preocupa. Ni siquiera tocaré un pelo de tu cuerpo. Estás a salvo. Yo no… No vamos a ser como antes.
Sus ojos escrutan su rostro por un momento y ve que habla en serio. Bueno, esa palabrota es seria. Así que cierra la puerta detrás de ella y se aleja.
—Toma asiento, por favor —señala el asiento d