Alfa Ace estaba en su oficina intentando trabajar, pero no logra hacer nada. Si las palabras de Soraya no interrumpen sus pensamientos, las de Nicolás sí lo hacen. Esos dos le harán perder la cabeza uno de esos días.
Levanta la vista de sus documentos cuando la puerta se abre, revelando a Dylan, uno de los guardias que están junto a esta.
—¿Sí, Dylan? —dice con voz ronca.
—Alfa Ace, una sirvienta está aquí para verte. Dice que es urgente.
—Déjala entrar.
—Sí, alfa. —Sale, y casi de inmediato un