Treinta minutos después, alguien toca a la puerta de la habitacion de Soraya, y sabe de inmediato que son el alfa Ace y sus sirvientes otra vez. Gimiendo, se levanta de la cama y camina hacia la puerta. La abre con todas sus fuerzas, sin siquiera molestarse en ocultar su irritación.
El atractivo rostro de Ace aparece a la vista.
Las tres sirvientes que llegaron hace un rato están de pie detrás de él. No parecen muy contentas con lo que sucede.
—¿Y entonces? —indaga alfa Ace.
Le pregunta es, si