—¡Te juro por la diosa, Leo tu deseo de morir se hará realidad hoy! —rugió el rey Ares mientras su figura bestial caminaba hacia su Beta, quien estaba cómodamente sentado en un sillón en su oficina.
A la velocidad de la luz, el rey Ares tomo a Beta Leo por el cuello y le estrello un puñetazo en la cara. Fue tan rápido que Leo no tuvo tiempo de defenderse.
Leo gimió de dolor cuando un segundo puñetazo golpeo su estómago, el golpe fue tan duro qué lo hizo caer de rodillas y escupir sangre. Era ta