—¡Oye, Soraya! —escucha la voz de Diego, y ve al hombre acercándose a ella. Carga una caja de cartón que parece pesada—. ¿Qué estás tramando?
—No, nada. —Se pone a caminar a su lado con tranquilidad—. Voy a mi habitación a buscar algo.
Había llevado las bandejas del desayuno a la cocina para no molestar a las criadas y, con las prisas, olvidó su anillo. Solo se dio cuenta de ello después de abrir la puerta para entrar en la cocina. Le parecía mal no llevar encima el anillo. La joya de cristal l