—No quiero hablar contigo, Beta. Sal de mi oficina —el rey Ares ordenó con firmeza en el momento en que su Beta entró en su oficina.
Leo, que estaba listo para recibirlo, entró de todos modos y cerró la puerta detrás de él.
—¡Dije que te fueras! —repitió el rey Ares, pero no lo hizo.
En cambio, se acercó, pero se aseguró de pararse a unos metros de él.
—No puedo. No lo haré. Necesitamos hablar. Me has estado evitando durante dos días.
El rey le lanzó una mirada penetrante; Beta Leo lo sintió di