EGAN
Massimo me acompaña como siempre y subimos la colina encontrándonos en la punta con Enzo. Tomamos las precauciones necesarias para no tener sorpresas porque sabemos que con él nunca lo sabremos
—¿Y entonces que quieres? —sigue igual, luciendo imponente y me apena ahora esta enemistad—vienes a suplicar clemencia, o a convencerme de no seguir esta pelea. Porque si es así déjame decirte que ni me voy a detener, ni me voy a retractar porque..
—Cállate, no vine ni a una cosa, como tampoco a