Valeria se frotaba los dedos contra los pantalones mientras esperaba ansiosa a Ravina.
En ese momento, no estaba esperando a su futura entrenadora ni a su socia, sino que esperaba poder ver a la mujer que la quería con todo su corazón.
La mujer que no la juzgó ni siquiera después de descubrir la verdad, y también la misma mujer a la que había herido brutalmente.
Valeria sabía que le debía a Ravina la mayor de las disculpas, pero no se atrevía a pedir perdón.
¿Podría una disculpa compensar todo e