Cap.
—¿Qué? ¡No! —respondí de inmediato, con la voz firme—. Rodrigo, yo te lo agradezco, pero mi orgullo no me dejaría nunca aceptar que pagaras la vivienda de mi padre. Ya te lo he dicho, él necesita sentir que estamos empezando de nuevo por nosotros mismos. No quiero ser una mantenida tuya, y mucho menos que él se sienta así.
Rodrigo soltó un suspiro pesado, recostándose en la silla. Parecía estar librando una batalla interna para no ponerse demasiado autoritario.
—Sabía que dirías eso —murmuró, p