La idea era a la vez graciosa y aterradora. Graciosa porque Raissa era la persona más desorganizada y habladora que conocía. Aterradora porque... bueno, porque era Rodrigo.
— Buena suerte —dije, riéndome de verdad ahora—. Vas a necesitar mucha, pero mucha suerte de verdad. Y paciência, y quizás un chaleco a prueba de miradas congelantes.
— Gracias por el apoyo —ella puso los ojos en blanco, pero sonrió—. Pero hablando de cosas que hielan la sangre... ¿cómo estás tú después de la ruptura? Paulo