El humo aún salía por la ventana abierta, pero yo estaba totalmente centrado en ella, sentada en mi silla, con la tapa de la tableta abierta como un libro.
Sus dedos, manchados de hollín por el portátil, seguían siendo precisos. Conectó la tableta a una batería portátil de su maletín, evitando el cargador fatal, y empezó a navegar por los sistemas con una concentración que hacía que el mundo a su alrededor desapareciera.
Yo la observaba, apoyado en la mesa, sintiendo el pulso todavía latiendo p