BELLY
El camino hasta la habitación de Kane fue una nebulosa: la mano de Jack me agarraba con fuerza el brazo, la palma de Kane se apoyaba en la parte baja de mi espalda, guiándome como a una presa entre dos depredadores. Me temblaban las piernas, mi coño aún me dolía y estaba hinchado, pero la mirada en sus ojos decía que no estaban ni mucho menos acabados.
Kane me empujó sobre la enorme cama, con las sábanas oscuras y suaves debajo de mí. Sus músculos y su piel brillaban bajo la tenue luz por