PUNTO DE VISTA DE ANDREA
El ático se había transformado en una sala de guerra militar, si es que las salas de guerra olían a laca para el pelo y a base de maquillaje cara.
Estaba sentada en un sillón de cuero de respaldo alto en el centro de la sala, rodeada de tres personas que me estiraban, me tocaban y me maquillaban. Una mujer llamada Chloe me aplicaba una crema fresca en los pómulos. Un hombre con gafas puntiagudas me peinaba con una rizadora. Y Leo caminaba de un lado a otro frente a mí,