PUNTO DE VISTA DE ANDREA
El viaje en ascensor hasta el ático fue completamente diferente esta vez.
Por lo general, cuando las puertas metálicas se cerraban y el coche comenzaba su silencioso ascenso, sentía un nudo doloroso en el estómago. Pasar los treinta segundos del trayecto mirándome al espejo, alisándome el pelo y preparándome para la batalla de convivir con Maxwell Harrington era la rutina habitual.
Pero esta noche, mi estómago permaneció relajado y mis hombros, habitualmente encorvados