PUNTO DE VISTA DE ANDREA
Los números digitales del reloj de la mesilla cambiaron de las 3:14 a las 3:15 de la madrugada mientras estaba sentada al borde de la enorme cama king size, aún con el vestido de seda rojo puesto. Sin habérmelo quitado ni haberme desmaquillado, lo único que podía hacer era mirar fijamente a la pared y escuchar el silencio del ático. Era un silencio denso y opresivo que normalmente significaba paz, pero esa noche se sentía como el aire cargado justo antes de una tormenta