PUNTO DE VISTA DE MAXWELL
El silencio en el salón de baile era absoluto. Quinientas de las personas más influyentes de Nueva York contenían la respiración, esperando a ver si la chica de Queens se derrumbaría o lloraría. Isabella Vance permanecía allí, con su impecable vestido blanco, sonriendo con esa sonrisa de tiburón, segura de haber asestado un golpe social fatal.
Se me heló la sangre, y al instante me ardió. El insulto no era solo una pulla; era una ejecución pública. Isabella estaba llam